En un año pueden pasar muchas cosas.
Tu foto en mi cuarto, tu cadenita en mi cuello, tus libros en mi estante.
Así te recuerdo. Recuerdo como me peinabas todos los días para ir al colegio, como me llevabas caminando despacito al jardín.
Me acuerdo que salir a comprar con vos por el barrio significaba socializar con la mitad de sus habitantes.
"Nena, que corta esa pollera!", "¿Por qué no te abrigás?", "Te queda lindo el flequillo, ¿Cuándo te lo vas a cortar?", "-Abuela, ¿Qué hiciste de comer hoy? - Ah! Sorpresa!" La vida era buena cuando se oía ese sorpresa.
Hace un año estábamos todos patas arriba y vos me decías: "No me quiero ir sin leer un libro tuyo" y yo me reí. Me reí pensando que seguramente no ibas a llegar a leerlo, más que nada por mi incapacidad de lograrlo que porque no nos diera el tiempo.
Hoy miró tu foto y sonrío. Sonrío porque te recuerdo y no se puede hacer eso con otra mueca en la cara.
Sí, pasaron muchas cosas este año. Últimamente todo lo cuestiono bastante, pero de lo único que puedo estar segura es que Crismón, Noepat, Fermil y todos nosotros te extrañamos a montones.